El uso de pirotecnia y fuegos artificiales durante las celebraciones de Navidad puede alcanzar hasta 190 decibelios, un nivel muy superior al umbral de dolor auditivo humano y animal.
Este estruendo genera desorientación, ansiedad y pánico incontrolable en perros, gatos y aves. En las mascotas, los síntomas incluyen taquicardia, temblores, hiperventilación y salivación excesiva.
El miedo extremo es la principal causa de fugas masivas en diciembre, exponiendo a los animales a atropellos o extravíos.
En casos de condiciones preexistentes, como problemas cardíacos o epilepsia, el estrés puede desencadenar convulsiones o incluso la muerte súbita.
La fauna silvestre también sufre: las aves abandonan nidos, se desorientan y mueren en colisiones al huir descontroladas.
Organizaciones y veterinarios exhortan a la ciudadanía a adoptar prácticas festivas responsables esta Navidad: crear refugios seguros para mascotas, mitigar el ruido con música relajante, acompañarlas transmitiendo calma y asegurar su identificación.
Además, hacen un llamado a sustituir la pirotecnia por alternativas visuales y silenciosas que permitan celebrar sin causar sufrimiento.
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