Harvey Glatman, recordado como el “cazador de chicas glamurosas”, marcó la historia criminal de Los Ángeles, Estados Unidos (EE.UU) en la década de 1950. Bajo la fachada de fotógrafo profesional, engañaba a jóvenes modelos y aspirantes a actrices con falsas promesas de fama y dinero.
En 1957, Judy Ann Dull, de 19 años, fue contactada por Glatman bajo el nombre de Johnny Glinn. Lo que parecía una oportunidad laboral terminó en tragedia: la joven fue asesinada y su cuerpo abandonado en el desierto.
Al año siguiente, Shirley Bridgeford y Ruth Mercado corrieron la misma suerte, víctimas de un patrón que combinaba engaño, sometimiento y asesinato. Glatman decoraba su apartamento con fotografías de las mujeres, mientras buscaba nuevas víctimas.
En octubre de 1958, intentó repetir su método con Loraine Vigil, pero la joven logró arrebatarle el arma y escapar. La intervención de una patrulla policial permitió su captura.
Durante el interrogatorio, confesó los crímenes y guió a las autoridades a los lugares donde había ocultado los cuerpos.
Los informes médicos revelaron que desde la infancia mostraba conductas perturbadoras: obsesión con cuerdas, acoso a mujeres y episodios de agresión. A pesar de los alegatos de su madre sobre una enfermedad mental, los peritos concluyeron que distinguía entre el bien y el mal.
En diciembre de 1958 fue condenado a muerte y ejecutado en septiembre de 1959 en la prisión estatal de San Quintín, California, a los 31 años.
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