La madrugada del 15 de enero de 1947, el cuerpo mutilado de Elizabeth Short, de 22 años, fue hallado en Leimert Park, Los Ángeles. El crimen, marcado por la precisión quirúrgica y la ausencia de sangre, desató una investigación caótica y una cobertura mediática sin precedentes.
La prensa bautizó a la víctima como la “Dalia Negra”, inspirada en su estilo de vestir y en una película. La investigación reveló una vida marcada por mudanzas, trabajos temporales y relaciones inconclusas, mientras Short intentaba abrirse paso en Hollywood.
Su última aparición confirmada fue en el hotel Biltmore, días antes de que una joven madre encontrara su cadáver, inicialmente confundido con un maniquí.
El rostro presentaba la llamada “sonrisa de Glasgow”, una herida de tortura que intensificó el horror del caso. La identificación se logró gracias a huellas dactilares y registros del FBI. Cientos de sospechosos fueron interrogados, pero ninguno acusado formalmente.
Décadas después, el médico George Hodel emergió como principal sospechoso, señalado incluso por su propio hijo, el exdetective Steve Hodel.
Aunque pruebas y testimonios apuntan hacia Hodel, la causa oficial permanece abierta y sin avances significativos, consolidando al asesinato de la Dalia Negra como uno de los enigmas criminales más notorios de Estados Unidos.
Con información de medios internacionales
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