Durante el 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Secretario General, António Guterres, hizo un llamado a la comunidad internacional para regular de manera urgente la inteligencia artificial (IA) antes de que sea demasiado tarde. Advirtió que la toma de decisiones críticas no puede delegarse a las máquinas e instó a gobernar esta tecnología mediante la cooperación global.
«La inteligencia artificial debe ser moldeada por la humanidad, con la humanidad y para toda la humanidad», enfatizó Guterres en su intervención, destacando que incluso los propios desarrolladores de estos sistemas están dando la voz de alarma ante un avance que avanza a una velocidad desconcertante.
PUNTOS CLAVE PARA ENTENDER EL MENSAJE Y SU IMPACTO GLOBAL
- El reto de la IA: La tecnología ofrece un potencial enorme para la medicina, la ciencia y el desarrollo social, pero el peligro radica en los sistemas sin rendimiento de cuentas y en el poder sin control.
- Límite ético claro: «Los robots asesinos no deben tener cabida en nuestro futuro», aseveró el Secretario General, remarcando que jamás se debe permitir que una máquina tome decisiones de vida o muerte sobre las personas.
- Propuesta de acción: Guterres urgió a crear un marco multilateral de gestión de riesgos con supervisión independiente y pidió a los gobiernos con capacidades tecnológicas avanzadas asumir la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos por encima de las tensiones geopolíticas.
LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER MUNDIAL
A falta de 100 días para concluir sus diez años al frente de la ONU, Guterres realizó un balance de una década marcada por el aumento de conflictos militares, el desprecio al derecho internacional y el avance sin freno de la crisis climática. Lejos de plantear su discurso como un legado o despedida, lo centró en la reconfiguración del poder global, identificando tres transformaciones estructurales:
- El surgimiento de nuevos centros de poder económico, político y tecnológico.
- La transferencia de poder desde los gobiernos hacia un número reducido de corporaciones e individuos.
- La creciente delegación de la capacidad de decisión humana en algoritmos y máquinas.
Para el titular de la ONU, el mayor desafío radica en que las instituciones internacionales actuales no se han adaptado a estas nuevas realidades, lo que fomenta el riesgo de una «Gran Fractura» que divida al mundo en bloques rivales.
LAS CUATRO GRANDES PRUEBAS DEL FUTURO
Guterres concluyó señalando que el porvenir de la humanidad dependerá de cómo se aborden cuatro frentes decisivos:
- Paz y seguridad: Denunció la impunidad y las crisis devastadoras en Gaza, Ucrania, Sudán y Myanmar, exigiendo la aplicación de la Carta de la ONU sin dobles raseros y una reforma urgente del Consejo de Seguridad para dar representación permanente a África.
- Crisis climática: Urgió a adoptar planes nacionales para abandonar progresivamente los combustibles fósiles a fin de no rebasar el límite de 1,5 °C.
- Desigualdad económica: Calificó de urgente redistribuir el poder que concentra la riqueza y desampara a los más vulnerables.
- Inteligencia artificial: Reiteró la urgencia de establecer límites éticos e institucionales globales.
«No me rendiré nunca», concluyó António Guterres, reafirmando que, incluso tras finalizar su mandato, continuará defendiendo la cooperación multilateral por encima del uso de la fuerza o la coerción.
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